La objeción de conciencia también mina el ejército sirio – De Javier Espinosa

Article  •  Publié sur Souria Houria le 25 avril 2012

Vehículos militares a la ciudad de Jisr al-Shughour. | Ap

Vehículos militares a la ciudad de Jisr al-Shughour. | Ap

Cuando Adnan recibió la convocatoria que le instaba a incorporarse a filas el 20 de octubre pasado su reacción fue inmediata. El joven, de 20 años, realiza un explícito gesto con las manos. El mismo que le llevó a romper en pedazos la misiva oficial.

Una significativa decisión para un muchacho que antes de la revuelta siria nunca dudó sobre la necesidad de realizar el servicio militar. « Pensaba que nuestro ejército formaba parte de la resistencia (contra Israel), pensaba que íbamos a recuperar el Golán (ocupado) », asegura sentado en un pequeño café frente al hospital de Trípoli que acaba de abandonar.

Para este estudiante de ingeniería industrial su determinación no se vio ni mucho menos inspirada por una desafección general hacia el estamento militar o las armas. De hecho, el joven se ‘alistó’ casi al mismo tiempo en lo que los rebeldes sirios pretenden que sean las « fuerzas armadas » de su algarada: el Ejército Libre de Siria (ELS).

« Me entrenaron durante dos semanas y después fui a combatir. Me hirieron en la pierna en Bab Amro. Lo que no quería era terminar en el ejército disparando contra el pueblo », recuerda.

Adnan asegura que su actitud no constituye un hecho aislado. Al contrario, según él forma parte de un comportamiento generalizado entre sus conocidos y compañeros de estudios. « Casi 50 de mis amigos han huido del país para evitar alistarse en el ejército ».

Objeción, un fenómeno nuevo

La objeción de conciencia, un gesto inusual en Siria hasta el 2011, se ha convertido ahora en otro de los ingentes desafíos que enfrentan las fuerzas armadas que sostienen al régimen de Bachar Asad, ante el creciente número de jóvenes –en su mayoría simpatizantes con la oposición- que se han sumado a este fenómeno.

Aunque no existe una estadística fiable sobre el alcance de estos casos, el gobierno sirio tuvo que admitir de facto su incidencia cuando el pasado mes de marzo dicto una nueva ley que prohibía salir del país a los jóvenes entre 18 y 42 años a menos que dispusieran de un permiso especial.

Medios de comunicación de Jordania y Turquía han informado en repetidas ocasiones sobre la llegada de chavales a su territorio huyendo ante dicha perspectiva. El pasado día 9 la agencia Aknews aseguró que el ejército sirio había detenido a 20 jóvenes kurdos que intentaban alcanzar el Kurdistán iraquí para evadir la llamada a filas.

El padre de uno de los detenidos, un kurdo de Suleimaniya (Irak), declaró al medio de comunicación que él mismo había instado a su vástago a huir « porque le podían ordenar que asesinara a civiles, a sus propios hermanos sirios ».

150.000 jóvenes al año

El estamento militar sirio se nutre principalmente de conscriptos, una práctica que se instituyó como norma para los mayores de 18 años tras la independencia del país en 1946, y que constituye la columna vertebral de los cerca de 280.000 hombres que componen su ejército. El Departamento de Estado de EEUU calcula que cerca de 150.000 jóvenes deben alistarse cada año en la nación árabe.

La problemática generada por los objetores de conciencia se suman a la que suponen las deserciones de soldados, que según estimaron en marzo fuentes del gobierno turco podrían alcanzar ya los 60.000.

Siria no es el primer país que se enfrenta a una situación similar. Decenas de miles de estadounidenses se exiliaron en Canadá durante la guerra de Vietnam para evadir el servicio militar y su posible envío a ese conflicto. Algo que se repitió a menor escala tras la invasión de Irak, cuando cientos de soldados de ese país escaparon a la vecina nación.

Sistema corrupto

Aunque la objeción de conciencia en un régimen como el que gobierna Siria nunca fue una opción viable para los jóvenes locales –se enfrentaban a duras penas de cárcel y hasta la ejecución sumaria en una coyuntura como la actual-, lo cierto es que el servicio militar obligatorio siempre generó un enorme resquemor entre muchos de ellos, especialmente ante la corrupción que rodeaba al sistema de exenciones.

« Hay alegaciones de que los sobornos pueden evitar que un joven vaya al ejército », aseguraba un cable de la embajada de EEUU en Damasco de enero del 2010 filtrado por Wikileak, que se hacía eco del repudio juvenil hacia su movilización obligatoria.

« No se trata sólo de la corrupción para evitar ir al servicio militar sino de la que hay en el interior del ejército. Debe ser el único en el que los soldados pagan a los militares », explica Abod otro chaval de 23 años, que también huyó al Líbano para eludir su llamada a filas. Como todos los jóvenes consultados, Abod dice que no es un caso único y que decenas de amigos han escapado del país o de su residencia habitual ante la perspectiva de tener que ejercer como soldados.

« Yo recibí en dos ocasiones la convocatoria para ir al registro militar, la última en septiembre pasado. Pero lo ignoré. Si el ejército se dedicara a proteger a su pueblo me alistaría pero no quiero formar parte de un ejército que mata a la gente », aduce Khaled, de 27 años, que también se ha refugiado en Líbano.

Consciente de la impopularidad del servicio militar entre la población local, el propio Asad ordenó limitar su duración en varias ocasiones. En 2005 pasó de 2,5 años a 2, en el 2008 a 21 meses y en el 2011 –ya en medio del alzamiento popular- lo limitó a año y medio.

Para Yusef, que cumplió 5 meses de ‘mili’ antes de desertar en enero, « no es sólo la corrupción o que te obliguen a disparar contra tu gente, es que también te humillan. Le voy a poner un ejemplo. Durante los meses de entrenamiento nos levantaron un día a las cinco de la mañana, era enero y hacía muchísimo frío, estábamos en un cuartel en la montaña. Nos hicieron salir al exterior y gritar a favor de Bachar. ¡Tenéis que gritar más!, nos dijo el oficial. Como no podíamos alzar la voz, nos hizo quedarnos en calzoncillos y nos roció con agua helada », recuerda el ex uniformado, instalado ahora en Trípoli (Líbano).

Source: http://www.elmundo.es/elmundo/2012/04/25/internacional/1335337217.html?cid=GNEW970103

 



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